sábado, 29 de marzo de 2008

Extrapolación de frases: Condicionamientos sociales


Cinco visiones de un tema. Cinco puntos de vista.
Cinco sentidos.



UNO: Acción: Comenzar a ver los condicionamientos múltiples desde Aldous Huxley y su Mundo Feliz (A brave new world, 1932). Un párrafo de la obra es un pequeño dicho de un superior del establecimiento total, la fábrica: “ –Y éste –intervino el director sentenciosamente–, éste es el secreto de la felicidad y la virtud: amar lo que uno tiene que hacer. Todo condicionamiento se dirige a lograr que la gente ame su inevitable destino social.” En este pequeño y conciso pasaje, Huxley –otrora consumista diverso– nos hace testigos de la génesis del hombre como sujeto de consumo. El mundo fue alterado desde y hasta el consumo; la inducción al placer es total; la organización, infinita. Una reflexión y un texto de hace más de setenta años. Un libro nada antiguo.

(Aldous Huxley, Un Mundo Feliz, Ed. De Bolsillo, Barcelona, España, 2004 (1932))

DOS: Nos adentramos en la retórica. ¿Qué se entiende por social? Condicionamiento–retórica–cárcel. ¿Libertad? ¿Sintaxis errática? Baja Nietzsche, Friedrich desde el Crepúsculo de los Idolos (1889). Y escribe: “ La libertad significa que los instintos viriles, los instintos que disfrutan con la guerra y la victoria, dominen a otros instintos, por ejemplo, a los de la felicidad. El hombre que ha llegado a ser libre, y mucho más el espíritu que ha llegado a ser libre, pisotea la despreciable especie de bienestar con que sueñan los tenderos, los cristianos, las vacas, las mujeres, los ingleses y demás demócratas.” Ahora sabemos que las vacas son demócratas. Pero sin voz ni voto, claro. Como, otrora, mujeres Nietzscheanas.
No se pueden pedir seis renglones de puro Nietzsche, de puro cero Nóbel de la Paz, que no sean éstos. La voluntad de poder, el desprecio de las formas menores, la supeditación de Apolíneo ante Dionisio, todo esto, signo de una época y nefasto e incitante, está, para bien y para mal –y, aún, más allá de éstos– en estos renglones. El humano, aquí, aplastado por las leyes, el Estado, la moral, la religión y lo suprasensible, demasiado humano.

(Fredrich Nietzsche, El Crepúsculo de los Idolos, Alianza Editorial, pág. 71.)
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TRES: Pero, abrid los ojos: no sólo el mercado y el estado condicionan al ontológico ser inmerso en la sociedad sino que hay, ¡A de Foucault!, también múltiples fuerzas sociales. Nosotros, vosotros, ellos. Inducción, complicidad, neurosis. El hombre, el manifestante político, el hincha espectador activo/pasivo, se someten, también, al alma colectiva. José Ramos-Mejía y su Biología de la Multitud, de 1899. Cita número tres: “El alma colectiva presenta caracteres netos y precisos. La colectividad se convierte en una multitud psicológica, formando un sólo ser sujeto a la ya conocida ley de la unidad mental de las muchedumbres. Cualesquiera que sean los individuos que la componen adquieren esa alma colectiva que los hace pensar, sentir y obrar de manera diferente de la que pensarían y obrarían aisladamente. (...) Hay una verdadera acomodación psíquica, lo que explica la distinta situación moral del individuo después que ha salido del encantamiento del contagio y de la sugestión que experimentaba dentro de esa prisión moral." Y se caen los gases lacrimógenos y el alambrado y los gobiernos.

(Ramos Mejía, José María: “Biología de la multitud”, en Las multitudes argentinas, Buenos Aires, La cultura popular, 1964 (1899))
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CUATRO: ¿Libertad social? ¿Opresión? Sigamos, entonces, al pre beatnik y post Dostoyevski Henry Miller que, desde su Trópico de Cáncer (1934), enuncia, concibe y entiende al hombre que se desata –traumáticamente– de las ataduras : “Si hubiera un hombre que se atreviese a decir todo lo que pensaba de este mundo, no le quedaría ni un metro cuadrado de suelo en que plantar los pies. Cuando aparece un hombre, el mundo cae sobre él y le rompe la espalda. Siempre quedan en pie demasiados pilares podridos, demasiada humanidad infecta como para que el hombre florezca. La superestructura es una mentira y el fundamento un inmenso miedo trémulo. Si a intervalos de siglos aparece efectivamente un hombre con expresión desesperada y ávida en los ojos, un hombre que pondría al mundo patas arriba para crear una nueva raza, el amor que trae al mundo se convierte en cólera y él se vuelve un azote. Si de vez en cuando encontramos páginas que explotan, páginas que hieren y estigmatizan, que arrancan gemidos y lágrimas y maldiciones, sabed que proceden de un hombre arrinconado, un hombre al que las únicas defensas que le quedan son sus palabras y sus palabras son siempre más resistentes que el peso yacente y aplastante del mundo, más resistentes que todos los potros y ruedas de tormento que los cobardes inventan para machacar el milagro de la personalidad. Si algún hombre se atreviera alguna vez a expresar todo lo que lleva en el corazón, a consignar lo que es realmente su experiencia, lo que es verdaderamente su verdad, creo que entonces el mundo se haría añicos, que volaría en pedazos, y ningún dios, ningún accidente, ninguna voluntad podría volver a juntar los trozos, los átomos, los elementos indestructibles que han intervenido en la construcción del mundo.” Hombres condicionados por símbolos y ellos mismos, condicionando mediante símbolos. La serpiente simbólica se muerde la cola, una y otra, y otra vez.

(Henry Miller, Trópico de Cáncer, Ed Bruguera, Barcelona, España, 1981 (1934), pág. 272)

CINCO: Y la razón y la verdad, ambas, llegan por fin: Theodor Adorno nos habla de la razón dominante, que “acota el arte como reserva de irracionalidad, identifica el conocimiento con la ciencia organizada y elimina por impuro lo que no se somete a este análisis.” Tenemos entonces la macroestructura política/económica, la religión y su sistema de moral en caída (o su sistema de caída de moral), las fuerzas sociales, las costumbres, la ley, las instituciones, la cultura, las cárceles, los manicomios y, por último, la libertad. Pero no seamos pesimistas y vayámonos con Sartre diciendo que, debajo de todo eso, “el hombre está condenado a la libertad”. Y, ahora sí, cerremos la puerta. Para protegernos.

(Adorno, Theodor, "El ensayo como forma", en Notas de literatura (1954), trad. de Manuel Sacristán, Barcelona, Ariel, 1962.)

domingo, 23 de marzo de 2008

Canibalismo y el amor autodestructivo

Todo comenzó con la overtura 1812 de Tchaikovski y ese final de bala de cañón altisonante e ingresar benemérito en google la siguiente sucesión de palabras: “caníbal + sexo + complicidad”. Y una cerveza Bock de Quilmes a las 14 hs del sábado. Yo buscaba el testimonio de eso que había llamado, la noche anterior, la gran historia de amor. Esa en la cual dos varones se unían en un rito en el cual tenían sexo mientras uno, metódicamente, cortaba y cocinaba los restos del otro y, juntos, comían el resultado de esa unión. Unión de patologías formidable, algo así como la única rehabilitación que puede tener alguien que tuvo la desgracia de sufrir tal patología (y ni hablar de otras, pedófilos mediante) y tener una vida con placeres burgueses, si se quiere.
Los resultados, en cuanto a google se refiere, son dispersos: una película con Roth, un mexicano que escribe bien pero que falla en el por qué y un ensayo bastante interesante que arroja frases como ésta: “Solitarios, carnívoros, desesperados. Machos así son buenos candidatos a visitar estómagos femeninos.”; o como ésta: “Morir buscando amor.”. Y otra noticia que da cuenta de otro suceso: “De acuerdo con la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), el llamado Poeta Caníbal descuartizó a las tres mujeres y aparentemente comió parte de sus cuerpos.”
Y la tipografía cambiante y el diseño coral pero nada de mi noticia (y las cursivas que le agregan un acento a la i).
Me pongo más extremista y pongo en google: “canibal + sexo + hombres + gays” y aparece el link sobre un asesino serial de Milwaukee, Jeffrey Dahmer. La crónica tiene momentos de incertidumbre y casi genialidad como este párrafo: “Como dato adicional se sabe que la madre tuvo ciertos problemas durante el parto 'como si el cuerpo de la mujer rechazara el maligno producto que venía al mundo'”, o éste otro: “Seguramente desde la niñez comenzó a experimentar las abstractas y complejas fantasías que los asesinos seriales desarrollan”… Lo que se dice concreción periodística.
Pero por fin, luego, llego a puerto deseado: Nuestro señor se llama Armin Meiwes (42), más conocido como "El caníbal de Rotemburgo". Clarín nos expone el aviso que dicho caníbal publicó en Internet: "Busco un hombre bien constituido que quiera ser comido". Sigue: "Se presentaron cuatro, pero sólo uno accedió llegar hasta el final: el también ingeniero Bernd-Jurgen Brandes (41), a quien se comió en 2001” Escucho ahora la 7ma sinfonía de Beethoven y no puedo dejar de resignificar todo esto en algún club de marginados patológicos predestinados y antiestética-éticamente felices, en un reality show montaña mágica de carnes y vísceras y penes y ojos que miran siendo comidos y párpados que se cierran de placer y de dolor y, en fin, el territorio de lo políticamente incorrecto, desmoronándose el edificio-estructura alemán sostenido por esas columnas de post guerra y todos, prolijamente, afeitándose el bigote. Y el final de Beethoven, antropomorfo.
Entre los mails que la policía recopiló en la residencia de Meiwes se descubrió una red caníbal de no menos de 800 miembros en Austria, Suiza y los EEUU. Clarín: “En otros correos, Meiwes bromeaba con Brandes —su víctima— diciendo que el canibalismo era una buena solución para los problemas de superpoblación en el sudeste asiático y China”.
Y entonces el foco cambia. Ya no aparece la historia de amor antedicha sino como suceso sexual-instintivo-obligatorio, el amor como acto egocéntrico extendido y desgarrante, necesitario de un tercero (algo así como el impresionante final de “El Perfume”, libro de Patrick Süskind (1985) y film de Tom Tykwer (2006)). El caso de esta unión supone también coincidencias en el caso. Nietzsche brindará por la entrega ciega a los instintos, no mediada por condicionamientos (el espacio vital como corpóreo), y Foucault alejará toda pátina moral del planteo.
Y el tema de la persona sobreviniendo. Cómo se cuida a una persona. Haciéndola vivir o impidiéndola morir. Es un límite impreciso y con multitud de grises, casi todos negativos. “Pero qué le importa la eternidad de la condena a quien en un segundo ha encontrado la infinitud del goce?”, diría, peligrosamente, Baudelaire (Charles Baudelaire, “El mal vidriero” , El Spleen de París, Bs. As., Losada, 2005, (1868)).
Y si la condena es sólo contra uno mismo y la agresión es no sólo consentida sino buscada, y en un casting de cuatro personas, bueno, déjenme no hacer juicios moralizantes, por lo menos.
Entonces el egocentrismo caníbal de todos. Da lo mismo el deseo o las supuestas bondades que se invente el deseante, y menos aún la felicidad o el cumplimiento del deseo ajeno.
El amor existe, se discutía en un post más abajo. Las voces fueron determinantes.

Existe. Y es voraz. Y amoral.
Y tiene hambre.

martes, 18 de marzo de 2008

Winners don´t use sports

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Los cultos y el fútbol
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La pasión por la competencia futbolística está en su auge y ha ganado, en los últimos años, un extraño consenso –oh, horror de Borges– en los llamados intelectuales ("intelecto: uso del…"). Ahora mismo, luego de la canonización de Fontanarrosa, el regreso de Soriano al campo de letras y su discusión, y los híbridos fubolístico-literarios en su esplendor (Alejandro Apo como el nuevo gurú en formato radial-teatral-editorial; los escritores Baldomero Fernández Moreno, ¡Eduardo Galeano!, Sasturain, Eduardo Sacheri; la edición del libro recopilatorio De Puntín, Cuentos de fútbol, y largos etcéteras), el fútbol fobal football ha llegado a la producción artística y al prestigio de los conocidos.

Obviamente, este fenómeno no tiene puntos en común con el nexo fútbol-rock, ese esperpento hijo de la escasez de conocimientos y de la demagogia de los frívolos rockeros nacionales, sino que aquí, en este actual maridaje, hay un glamour particular, una cierta rebeldía estética, un volver a la infancia desde el cúmulo simbólico. Pero no es así: ésa es la justificación del letrado personaje por el placer que le depara el escenario deportivo frívolo, que lo aleja del arte. Y lo sigue alejando: no ya de los planteos existencialistas sino, antes, de tener una vida.
Porque, seriamente, ¿se puede hablar de una contradicción? Quizás no, pero hay algo. Uno advierte un ruido cuando una persona hace un informe sobre el uso del autor en el Cine para, acto seguido, hacer un balance de las copas de verano; o cuando alguien pasa de explicar la noción del intelectual específico de Foucault a explicar el Boca de Russo … Digo: está todo bien pero que alguien me niegue el ruido. Y ese ruido se llama fútbol.

Sucede que el fútbol gusta y hay gente que tiene esperanzas en esta unión literario-fubolística. En Crítica llaman a “cultos” (Noriega, Becerra) para hacer las crónicas de la fecha, en Perfil tienen a Bonadeo y al gran Victor Hugo Morales… El deporte se puede acercar al arte, pero descreo de su éxito y de sus intenciones (vean, sino, al rock).

Y ahí, en esa discusión, intercede el intelectual “victor hugo” y nos recuerda a Norman Mailer y su genial artículo sobre Muhammed Alí en Temas Actuales, o la crónica de Hunther S. Thompson de la pelea Alí vs. Foreman para Rolling Stone, o esa lucha pesca-supervivencia de El viejo y el mar, de Hemingway; pero, aceptémoslo, estos escritores no hablaban sólo de deporte y, además, esos deportes de acciones individuales implican un heroísmo que no tiene, de ninguna manera, un deporte colectivo como el fútbol.
El fútbol, simplemente, no se lleva bien con ninguna categoría artística. Piense usted en el cine, la música, la pintura… La literatura es un caso más. Es obvio, señor.
Imaginen si no a Ivan Karamazov y a Pavel Smerdyakov dirimiendo sus diferencias por el medio de los penales, o a la familia Compson jugando un picadito y poniendo a Benjy en el arco… Sencillamente NO DA.
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Yo propongo, desde este humilde espacio, discriminar a este aburrido evento deportivo del arte y colocar, en su lugar, como artístico tema, a frivolidades más interesantes y con menos muertes, como las drogas, los festivales lujuriosos, el exceso de alcohol, los enanos y la República Argentina.

viernes, 14 de marzo de 2008

Extrapolación de frases: hoy: El Amor Total

Cinco visiones de un tema. Cinco puntos de vista.
Cinco sentidos.

UNO: Nos adentramos en las visiones del amor en su iniciático dentro y fuera de la persona. Salvador Dalí escribe el 27 de mayo de 1953: “Primero: Gala y Dalí. Segundo: Dalí. Terceros: Todos los demás, incluidos, desde luego, una vez más, nosotros dos.” El pintor distingue ahí el amor a la pareja como objeto del amor a la pareja como sujeto. El dos como más que la suma. Y una pirámide que rectifica al Otro en cuanto sujeto existente.

(Salvador Dalí, Diario de un genio, Tusquets Editores, S.A., Barcelona,
2005, págs 128/129)

DOS: Lucha cultura-instinto, adquirido-innato y qué es amor en dos citas. Primero el surrealista Jules Rivet y el siguiente texto: “Si el hombre viviera normalmente, es decir en estado salvaje, sólo existiría la época de celo. La época de celo es armoniosa. Pero llegaron los poetas, los pintores, las gentes de mundo, los escultores, los tocadores de guitarra –toda la banda de enmierdadores– e inventaron esa cosa perfectamente ridícula: el Amor. Ridícula en todas sus manifestaciones, comprendidas las más corrientes: el madrigal y el balazo.” En este caso, el amor es un artificio que justifica la creación de la familia, del comercio y de la cultura. Un sentimiento adquirido.

Punto de vista lateral el de Joe Bousquets, quien, parece, nos dicen, expresó que “Acaso el amor sea todo lo que queda en nosotros de la infancia.” Ambas citas se mueven en la contraposición instinto vs. hábitos adquiridos. En esta última cita, el amor es un reflejo psicológico, acaso búsqueda del amor maternal, del estado primitivo. Un artificio (el nombre) que esconde una realidad pasiva.

(Actas Surrealistas, Ed. Quaranta, Bs. As., 2004, págs. 83/85)


TRES: Proust. En el comienzo del siglo XX, un convaleciente Marcel Proust repasa, escribe, enviste de sentido e inventa su existencia, su pasado, su vida, en una serie de libros. El primer volumen (Por la parte de Swann, 1913) trata del amor en su expresión de dominio y posesión y sus consecuentes tragedias y tiempos mentales. En el segundo se trata el tema del amor como fuerza interna que toma cuerpo en terceros (personas y cosas). Se pregunta Proust: “Porque conocemos nosotros el carácter de las personas que nos son indiferentes; pero, ¿cómo nos va a ser posible comprender el carácter de un ser que se confunde con nuestra vida, y que ya no llegamos a separar de nosotros y sobre cuyos móviles hacemos constantemente ansiosas hipótesis, perpetuamente retocadas?” Proust, homosexual en tiempos de homofobia legal, reemplaza en libros –canaliza– el amor del hombre hacia la mujer. Sigue –y con esta reserva– su idea del amor como voluntad y representación propia en el objeto externo. Dice: “Y cada vez que penetran en nuestro ánimo las imágenes de mujeres tan distintas ya no tenemos punto de reposo, a no ser que convirtamos a esas mujeres extrañas en algo parecido a nosotros mismos, porque nuestra alma tiene en estas cosas la misma facultad de reacción y actividad que el organismo físico, el cual no puede tolerar la intromisión en su seno de un cuerpo extraño sin intentar inmediatamente la digestión y asimilación del intruso.” Amor como asimilación, voluntad, reflejo y búsqueda. Visión cercana al artificio antedicho. Y recordar a Baudelaire, que dijo que el amor es el deseo del ser humano de salir de sí mismo.

(Marcel Proust, En Busca del Tiempo Perdido Vol. 2, A la Sombra de las Muchachas en flor, C.S. Ediciones, Bs. As., 2006, págs. 406/322 (Paris, 1919) )


CUATRO: Muchos amores y una frase. Los amores: El amor como un pasado que, utópico, vuelve pero no (Rayuela, de Cortazar y/o Desayuno en Tiffany´s, de Capote); el amor como medio de salvación (Crimen y Castigo, de Dostoyevski y/o La Divina Comedia, de Alighieri); la pérdida del mundo por el exceso de amor propio (El Retrato de Dorian Gray, de Wilde y/o El Almuerzo Desnudo, de Burroughs); y la pérdida de la vida por amor (Lo que me costó el amor de Laura, de Dolina y/o Romeo y Julieta, de Shakespeare).Y, finalmente, la frase: “No es que el amor sea una boludez: es que le dedicaron demasiadas canciones” (Diego Capusotto).


CINCO: Luego de los recuerdos culturales antedichos, comienza internet a explicar el proceso. Wikipedia nos dice: “El amor es considerado como un conjunto de comportamientos y actitudes, incondicionales y desinteresadas, que se manifiestan entre seres capaces de desarrollar inteligencia emocional o emocionalidad. El amor no sólo está circunscrito al género humano sino también a todos aquellos seres que puedan desarrollar nexos emocionales con otros, por ejemplo, delfines, perros, caballos, etc.” Bueno, entonces, las visiones culturalistas del “sentimiento” no serían tales. O no totales, absolutas. Luego, internet nos muestra millones de citas de personas que explican qué es el amor (pecado, parece, de todos). “El amor es...” es el comienzo de cada una. Y luego desarrollos heterogéneos, contradictorios, inevitablemente subjetivos. Balzac, Lope de Vega, Neruda, todos tienen la visión absoluta. Que, inefable, se oculta detrás de la inexistente realidad.

lunes, 10 de marzo de 2008

Bochorno rockero y la génesis de un idioma

La casa de Porfirio tiene un cuarto apartado que hace las veces de estudio de grabación y que tiene de todo: consola, equipos, instrumentos, programas de alta calidad que tienen millones de pedales, afinadores de voz en tiempo real, micrófonos en exceso… en fin: es el Paraíso dentro de San Miguel. El blanco círculo Yang.
Lo pasé a buscar por la puerta del trabajo que antes compartíamos (a mí me echaron por entrar con cervezas y un amigo) y recorrimos el conurbano para, medio litro de whisky mediante, hacer uso de instrumentos.

ChinomágicO dice (10:48 p.m.):un tema para la reconstruccion
ChinomágicO dice (10:48 p.m.):se tendria que llamar
ChinomágicO dice (10:48 p.m.):
porque empieza construyendo
ChinomágicO dice (10:48 p.m.):y despues demuele
ChinomágicO dice (10:48 p.m.):
tal y como en la realidad

Lo siguiente es improvizado y mi voz está cambiada para afinar (aunque quizás la escala armónica no sea la adecuada o esté muy saturada la voz o múltiples etcéteras). Yo propuse un tono “tipo Cher” pero mi estilo tenor graso pudo más. En el tema toco la guitarra y Porfirio se luce con unos teclados de coros y de fantasmagoría medieval. Salvo el bajo que grabé después y la base de batería electrónica, todo surgió en el momento. Todo. Lo importante de la fanfarria prusiana de la melodía vocal es lo sucedido después: o se resignificaba poniendo en dicha melodía un germano texto nietzscheano o inventaba un idioma. El tiempo libre de mi actual trabajo me decidió por lo segundo y éste es el resultado, lo que va quedando hasta ahora:

Tema:


Letra provisoria: Eniko dae (Toma sentido dentro de mí)(letra hecha luego del tema improvizado, por lo cual no hay relación exacta entre lo que oye y lo que lee)

Introducción:Irba voaiurvva: eniko ´viá dae
Irba voaiurvva: l´eribor ´viá
Irba voaiurvva: eniko dae Laiqkciú uuuuuu
Irba voaiurvva: eniko ´viá dae (iguan ´a)
Irba voaiurva: l´eribor ´viá (iguan ´a)
Irba voaiurvva: eniko dae Laiqkciú uuuuuu

Estrofas :
Tahj ´de Szprin jhin dae
Tahj ´de Szprin jhin dae. ¡Leré!
Tahj ´de Szprin lei dae
Inté milk; inté dae; inté szpring jhin dae; ¡leré!

Líah´lia Líah´lia. ¡Leré!
Líah´lia Líah´lia. ¡Leré!
Líah ´lia Líah ´lia. ¡Leré!
Líah ´lia Líah ´lia. ¡Leré!

Estribillio:
Sihbara jonda vaandi ´lia
Sihbara jonda vaandi ´lia
Sihbara jonda vaandi ´lia inté

La blogalización, ustedes saben, supone un extraño culto de la construcción, del camino, del progreso. Por eso ser manada y publicar este tema en su mismo nacimiento y no corregirlo y/o hacerle una letra antes. Lo interesante de la creación de un idioma es el juego de posibilidades infinitas que supone. La primera palabra que surgió fue Tahj, que significa luz. Luego vino `de, que pluraliza lo antedicho. La idea es que en la entonación se pronuncie cada letra (en una suerte de neutro).

Estas son las palabras que hay hasta ahora:

Eniko = toma significado
Dae = dentro de mí mismo / dentro de sí mismo
Irba = libro
voaiurvva = sagrado
Iguan = féretros
`a = lo antedicho es infinito
`via = lo antedicho es bendito
Mihk = luzJhin = muerte
Szprin = jardín
Lei = vida
L`eribor = nivel
`de = lo antedicho es plural (todo sustantivo es singular)
Inté = veo
Into = no veo
Intí = ví
Leré = ¡Viva!
Líah = rito
`lia = lo antedicho es maldito
vaandi =muerto vivo
mihk = otra luz


La letra es el discurso del responsable de un rito religioso en el cual se sodomiza a un culpable mientras los clérigos asisten a la quema de libros. El orador es finalmente poseído por fuerzas "oscuras" en medio del rito y se decide al final su sacrificio (la letra está en su 20 %).
Aclaración: nunca me sometí al estudio de la Lengua en su nivel gramátical –si se quiere/puede– y mi desconocimiento me lleva a ignorar incluso qué es un adverbio… Será tiempo de obligarme.

ChinomágicO dice (10:45 p.m.):
parece musica sacra
ChinomágicO dice (10:45 p.m.):
al principio
ChinomágicO dice (10:45 p.m.):
viene la imagen del medio oriente
voy a hacer una reunión en la cual esté prohibido hablar de uno mismo dice (10:45 p.m.):la resistencia iraquí
ChinomágicO dice (10:45 p.m.):y despues pogo en el desierto

miércoles, 5 de marzo de 2008

Zeitgeist, y ser de derechas en la periferia desangrada

La palabra abriendo el Microsoft Word o viceversa

1. La extracción

Anoche vi, finalmente (luego de meses de bajarla con errores, no encontrar subtítulos para alguna versión o simplemente olvidarme), el film Zeitgeist, un documental “sin fines de lucro”, colgado en la web por sus autores y que se puede ver online (http://video.google.com/videoplay?docid=7369179235403686546), con las dificultades correspondientes, por supuesto, pero que se puede ver. Subtitulado.
El film, cuyo referente es el ignoto Peter Joseph, se detiene en tres “fraudes” y desarrolla teorías conocidas pero con un planteo que lleva (por su ambición y desmesura; por su ostentación estadística y por su aspecto coral) a una reflexión más abierta, y a la que me vi obligado.
En principio, digamos que los primeros diez minutos son directamente nefastos y que da lo mismo verlos que no (eso en el aspecto puramente rutinario); la película comienza luego, con un juego “fiscal” de “similitudes” entre la religión judeocristiana y su predecesora egipcia, en plan astrológico. La idea final de esa multitud de datos es la de la sospecha de un monoteísmo humano oculto: el Sol será el primer y último Dios (en tanto concepto y creencia) que conocerá la Tierra hasta que sea atraída por su fuerza gravitatoria y explote, en diez millones de años, aproximadamente. Salvo una revelación mundial evidente, futura, nuestra conciencia atrapada en los sentidos no podrá buscar una excusa mejor para justificarse. La simbología necesaria para cualquier culto es –inocente o no– hija de la necesidad: la conciencia necesita de causas para su sí misma consecuencia. Debates posteriores pueden despertar el avanzado grado de conciencia que tenía para sí y para su visión cierto tipo de sociedades en ciertos aspectos (egipcia, maya, griega y tecnológica, respectivamente). Nadie asistirá al fin de la religión porque éste supone también la existencia de una regulación (y en esto se conecta, quizás sin saberlo, el documental). (Un detalle importante de esta parte es la casi ausencia de justificaciones mercantilistas de la religión judeocristiana, al contrario del planteo de Nietzsche en El Anticristo: parece que, para la película, la religión es movimiento político y “entretenimiento” pastoril y ése es su fin. El lucro no es deseo y/o objetivo primario.)
La segunda parte no tiene demasiada concreción; hace foco en las fallas de las versiones del gobierno de EEUU sobre los atentados del 11/9/2001 y se insinúa en éstas el motivo belicista de dicho evento. Esta insinuación encuentra sentido en la tercera parte (la mejor, por importancia, pronóstico y por su carácter que, junto con el tema, presentan el debate que llama a todos, a Marx, a Heidegger, a Sartre, a Huxley, a Foucault, a los estructuralistas, a la escuela de Frankfurt, etc… o sea: es un tema global y de proporciones). Esta hace un recorrido en la historia del siglo XX en la cual el hombre es controlado por el dinero, ya no por el poder –en todas sus formas, lo cual es diferente del poder del dinero– o la vanidad; un recorrido por el carácter económico de las guerras y por el final del recorrido, con el gobierno único nacido de la unión monetaria, con un mercado mundial hecho de deudas e intereses, el pequeñoburgués regulado en sus miedos, fascinado (si se quiere el término, de fascismo), convertido a la última necesidad corporativa y descartado vía microchip. Un pronóstico del pasado.
Aquí entra el tema de las libertades. Ese tema.
Heidegger le hecha la culpa al lenguaje: éste domina al hombre, que es su instrumento. Foucault no termina de ver salida para el hombre dentro de su sistema de fuerzas. Huxley imagina el mismo mundo regulado, privatizado, anestesiado y mercantilista que imagina Zeitgeist y que estamos viendo. Sartre es el más optimista: dice que el ser humano, inserto dentro de una estructura política, económica, coyuntural, familiar, tiene un grado de libertad. El ubica a ciertos personajes en ambientes de grados de libertad angustiantes (pero comparables con los nuestros, periféricos o no): el combatiente (libertario y opresor, lo mismo da) que tiene a su objetivo y decide, en ese segundo único de libertad, vaga libertad, apretar el gatillo. El agente del grupo de tareas, el montonero, el marine, el ministro de defensa, en fin: todos nosotros. Bien: la película tiene un fin sartreano en este punto: todavía la corporación final no ha sucedido y esta tensión (el tecnocapitalismo como fase final, diría Heidegger; el inevitable contrataque violento del desposeído, diría Marx) puede comenzar un inevitable reverso, pero favorable (un final hijo de la cultura rock, y sin reconocer el aspecto frustrado y finalmente conservador de ésta, y que recuerda a V de Venganza o a otros finales que pretenden ser ajenos a la lógica hollywoodense cayendo profunda y encantadoramente en ésta).
Pero Zeitgeist separa: el poder y su dominada y aterrorizada burguesía y clase baja por una parte y, por la otra, la elite de personas que acceden al conocimiento y pueden hacer algo. La clave es: los pacifistas son asesinados, las excusas seguirán y el final es casi inevitable. Subtextos de violencia cívica marxista y la periferia como único núcleo organizable, si se quiere, para detener este mundo controlado, embudo monetario que depara al núcleo de excedentes, intereses de un dinero que es sólo eso.
En el mayo francés Sartre dijo “las estructuras no salen a la calle”. Estas siete palabras destruyen toda hoja anhelante y se inclinan (como el mismo Sartre ante Guevara en la Havana), gustosos y cómodos, ante la ráfaga. Ante el hombre que detiene el ápice vertiginoso del presente (sobre el que seguimos hoy) y dice: “así no”. Ese es el “lector ideal” de la película, que puede tener acción sobre la realidad que le sucede (Zeitgeist es originalmente una expresión del idioma Alemán que significa "el espíritu –Geist– del tiempo –Zeit–"), pero con pocas chances de alterar algo…

2. La compresión.

El mercado no tiene moral. Tiene sus leyes que dan paso a otras nuevas según la liquidez que signifiquen y la cantidad de entidades que se repartan la torta. Entonces un hombre que domine estas lógicas y no actúe (un hombre de la periferia, un hombre usted o un hombre yo) se convierte en cómplice y un hombre (también antedicho hombre) que no sepa pensarse como sí, se domina. Por eso la idiotez de ser de derecha en terreno cercenado por el tecnocapitalismo en busca de recursos naturales y coartando libertades según sus intereses. ¿Parte de la solución o parte del problema? Triste pero sí.
Pero, en el fondo (volvemos), la libertad es otra cosa. Alguien dijo: “tonto aquel que es aprisionado en el tiempo y en el espacio”. Y si lo manifestó es porque se reconoció tal. Así que si Marx dijo que “estamos condenados a caer” y si Duhalde dijo que en cambio nuestra condena era al éxito, parece que las conjeturas (las dobles de la película y las del tecnocapitalismo, con sus administradores títeres) han llegado a su fin y, adivinen: ha vuelto el humanismo. Eso sugiere Zeitgeist: Tú eres la solución (sino estais adherido y buscando el chip). Tú eres ese interviniente. Tú eres quien tiene la gomera para parar el imperio. Pero, claro, tienes una sola vida. Y el fin del humanismo tiene esas cosas: preferimos vivir cómodos. Coger todo el tiempo, beber hasta el éxtasis, drogarnos con casi todo, trabajar de cosas sencillas y movernos bajo la ley del mínimo esfuerzo. Y mantener a nuestros hijos y agachar la cabeza y poner un voto entre tres partidos como manifestación. Y, claro, el problema de imaginar la revolución entre los globalizados y el calentamiento global que hace todo cortoplacista y urgente y casi imposible, y uno mismo encerrado en otra razón y siempre a riesgo de la equivocación.
Bueno, la tarea del periodismo: resignificar. Desde la construcción de la realidad, el zeitgeist, el clima dominante.
Y el final al cual las estructuras no llegan: el espacio y el tiempo. La piel, por dentro y por fuera. Nosotros. La resignificación.. Los grados de alejamiento devienen también de estructuras ideológicas (nosotros desde la periferia obligada), y uno ya no sabe si el maniqueísmo es la verdad u otra fuerza que nos lleva, de los pelos, a sumergirnos, cada vez más grises, en lo negro.
Y, en este momento, hay un burgués, pensando que está bien que Uribe le ceda territorio a Bush y que Chavez (quien da todas las ventajas legales a EEUU) es un terrorista y que, bueno, ¿se llevaron el petróleo? Ah, ¿y Cuba?
Ah, también.
Sí.

Y, por supuesto, todos nosotros: mirando la pantalla, escuchando el fascismo, y ya sin la gomera.

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