jueves, 15 de octubre de 2009

DI EGO



1.17 hs. Oblitero las neuronas.

Como salame picado fino, leberwurst, queso blanco. Bebo cerveza. Brindo por nuestro imán, por nuestra explicación, por nuestro gen argentino, por nuestro Brasil, brindo -con desorden, con gula, con drogas, con el sentimiento lo más alejado posible del buen burgués que cuida sus cosechas haciendo mierda las de los demás- por Diego Maradona.

Así como un pelo canoso en el pecho es el síntoma que te da la vida de que estás de vuelta, pedirle recato a Maradona -yo, tú, él- recibe a la persona -nosotros, vosotros, ellos- de buen burgués. Lo recibe no con gusto sino como recibimos al pasajero que entra en el tren y subte: con ganas de que se quede afuera y a sabiendas de que en la próxima estación él estará allí con nosotros odiando a quien suba a perjudicar su espacio.

El ser humano es despreciable, fariseo, bobo, neoliberal, estúpido, codicioso y mediocre. Ignora su ignorancia y está siempre dispuesto a encontrar defectos en cualquiera que se le cruce. Es supervivencia, lucha por copulación. Son tres putas variables en una cadena de ADN. Esa gente que se cruza, que camina, que desperdicia su puta vida en trabajos que le asignaron, esa gente dice en voz alta "este gordo merquero" o "este negro drogadicto". No serán nunca tan menemistas como Maradona, ni bancarán a Fidel como Maradona, no se tatuarán a un político de izquierdas, como hizo Maradona, ni consumirán nada que los ponga debajo de otros machos/hembras de su especie, como hizo Maradona; no serán los número uno del mundo, ni arriesgarán su imágen pública ni tendrán alma. Son, esa pobre y magra gente, la especie humana. No abandonan a sus hijos por motivos sino por necedades, ni tuvieron un puto amigo que los ame.

A toda esa manga de putitas sin pathos, CHUPENLA.

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