sábado, 3 de noviembre de 2012

Por Zico von Karg


06.01 hs

No pasó nada, porque nada nunca pasa. El domingo, que es sábado disfrazado de cinismo, nos enseña que nunca va a pasar nada. Que la burocracia es intrascendencia desmedida. Que somos el cuerpo de la nada. 

Que nada es después de algo que fue nada. Que pudimos ser la sombra de la física de las letras. 

Que morimos causalmente, que nacimos casualmente. Que nos quisieron, por equivalencia. Que si no estuvimos ahí, algo siempre igual estuvo. Que sin genios es lo mismo. Que volviendo nos justificamos.

Sólo valen dos cosas: la belleza y el olvido. Y son antítesis. 


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